MISTERIOS OCULTOS (R)

Rastreando al demonio de Devonshire
Los residentes de Devonshire, en la Inglaterra rural, despertaron la mañana del 8 de febrero de 1855 y descubrieron sus patios cubiertos de nieve mostrando misteriosas huellas de pezuñas, en forma de pequeños cascos de caballos, cubriendo una zona de centenares de kilómetros. Y lo que era más raro, las huellas corrían en una perfecta línea recta, como si el que las hubiera dejado tuviese sólo un pie. Descubiertas en dieciocho comunidades diferentes, las huellas trazaban una senda a través de campos y corrientes de agua, subiendo por las paredes e incluso por encima de los tejados. Los campesinos estuvieron tan seguros de que se trataba de los rastros del mismo Satanás que, durante mucho tiempo después, se negaron a aventurarse fuera de sus casas en cuanto había anochecido.
Ratas monstruosas 
En Irán, en un inverosímil cambio de la Naturaleza, unas ratas gigantes, algunas con un peso superior a los 18 kg, mataban y se comían a los gatos. Y, según el diario Kayhan, las en extremo largas patas posteriores de los roedores, les permitían saltar como canguros.

El profesor de Biología de la Universidad Estatal de Bowling Green, William Jackson, cree que las ratas monstruosas son parecidas a las «cortadoras de caña», unas ratas grandes que se encuentran con frecuencia en África occidental, donde incluso la gente se las come. Pero los roedores africanos son vegetarianos y, por lo tanto, Jackson está intrigado por esa necesidad de las ratas gigantes de devorar carne. Afirma que resulta «muy extraña» la agresiva conducta de tales ratas.

Rayos globulares
Cinco minutos después de la medianoche, el avión del Vuelo 539 de «Eastern Airlines» estaba sobre la ciudad de Nueva York con destino a Washington, D.C. No había luna y la noche era oscura, con tormentas cerniéndose sobre la orilla del mar, hacia el Este. De pronto, el avión se vio envuelto en una descarga eléctrica.

El pasajero Roger Jennison, profesor de electrónica de la Universidad de Kent, se sorprendió todavía más al ver «salir de la cabina del piloto y volar por el pasillo del avión una esfera resplandeciente de poco más de veinte centímetros de diámetro». Jennison dijo que aquella bola luminosa era de un color azul blanquecino y parecía sólida. Se movía aproximadamente a la misma velocidad con que anda una persona, a una altura de unos setenta y cinco centímetros del suelo.

Afortunadamente, nadie resultó lesionado en el incidente y el avión pudo aterrizar felizmente en su lugar de destino. Se sabe que estas bolas luminosas han estallado en ocasiones, muchas veces con resultados devastadores.

Los científicos llaman «rayo globular» a este extraño fenómeno, pero es difícil de explicar, tanto más cuanto que el propio rayo contiene aún muchos misterios para los físicos. Sin embargo, una curiosa teoría ha sido expuesta por los investigadores M. D. Altschuler, L. House y E. Hildner, del National Center for Atmospheric Research, de Boulder, Colorado. Los tres presumieron que las tormentas pueden actuar como gigantescos aceleradores naturales de partículas, capaces de emitir protones cargados de enorme energía. Cuando los protones cargados chocan con núcleos atómicos en la atmósfera, una reacción mininuclear genera átomos de oxigeno y flúor sumamente cargados. Estos átomos en descomposición emitirían, a su vez, positrones y rayos gamma, o dicho en otras palabras, una gran cantidad de energía, suficiente para accionar el rayo globular.

Si esta teoría es correcta, significaría que las víctimas que se encuentren cerca de un rayo globular pueden tener otro problema, a saber, una dosis letal de radiación

Recuerdo de una vida y una muerte anteriores
Los hipnotizadores llevan a menudo a los sujetos adultos a su infancia. Muchos de ellos han llevado todavía más lejos el retroceso, empleando el hipnotismo para ayudar a los sujetos a recordar vidas anteriores.

Por ejemplo, el hipnotizador inglés Henry Blythe empezó experimentando con una mujer llamada Naomi Henry, de Exeter. Bajo hipnosis, Naomi declaró ser una campesina irlandesa del siglo XVIII llamada Mary Cohen. Cohen describió toda su vida, incluidos su juventud, su desgraciado matrimonio con un agricultor violento e incluso su muerte.

El sujeto de Blythe describía sus últimos momentos, pasado ya el dolor, cuando de pronto guardó silencio. Blythe observó aterrorizado que la mujer palidecía. Pronto dejó ésta de respirar y Blythe no pudo encontrarle el pulso. «Estás a salvo», le repitió una y otra vez. Por último, al cabo de unos momentos, el pulso latió de nuevo y la mujer empezó a respirar de nuevo. Poco a poco, volvió a su estado normal.

Todo el mundo se sintió aliviado, y Blythe refirió más tarde que Naomi Henry le había hablado de otra vida, la de una muchacha inglesa de principios de este siglo.

Reencarnación en grupo
En 1962, el psiquiatra inglés Arthur Guirdham empezó a tratar a una mujer joven que sufría de horribles pesadillas. Durante los siguientes cuatro años, «la señora Smith» (como Guirdham la llamó en sus tres libros acerca de este curioso caso) narró los tormentos que la aquejaban como miembro de los cátaros, una secta religiosa francesa del siglo XIII, cuyos fieles creían firmemente en la reencarnación.

Los detalles históricos y las descripciones de la vida del siglo XIII en los relatos de la Smith, resultaban sorprendentemente exactos, según averiguó Guirdham. La señora Smith alegaba, por ejemplo, que las vestimentas cátaras eran de un azul oscuro, contradiciendo a muchos historiadores que siempre indicaban que las vestiduras eran negras. Hurgando en los montones de investigaciones, Guirdham pudo al fin determinar que la señora Smith estaba en lo cierto.

La señora Smith fue sólo la primera de varios cátaros reencarnados que Guirdham comenzó a atraer. Llegado el momento, se le unieron otros seis, formando un grupo muy unido. Y habiendo percibido algo familiar en los relatos de la señora Smith desde el mismo principio de su asociación, Guirdham también comenzó a creer que él mismo era el reencarnado Roger Isarn de Fanjeaux, el amante de la señora Smith durante la encarnación del siglo XIII. Esto habría explicado también cómo los demás llegaron a encontrar al psiquiatra.

Regeneración espontánea
Pierre de Rudder era un campesino belga que vivía en Jabbeke, cerca de la ciudad de Brujas. Su extraña historia empezó en 1869, cuando cayó de un árbol y se rompió una pierna. La lesión fue tan grave que no pudieron encajarse los huesos y, cuando se eliminaron los fragmentos óseos, más de una pulgada separaba las partes superior e inferior. De manera que sólo el tejido muscular y la piel mantenían en su sitio la pierna oscilante de Rudder. Su médico quería amputar el miembro pero, a pesar del dolor, Rudder se negó rotundamente a ello. Padeció aquel dolor durante ocho años antes de decidirse a visitar la ciudad de Oostacker, donde había un santuario en honor de la Virgen de Lourdes.

El viaje en tren a Gante produjo a Rudder insoportables dolores. Incluso tuvo que ser subido al tren por tres ayudantes y la supuración de la herida era tan molesta que a punto estuvieron de soltarle.

Inútil decir que Rudder se hallaba en terrible estado cuando llegó por fin a Oostacker, pero se dirigió al santuario y empezó a rezar. Entonces cayó súbitamente en éxtasis y, según las informaciones, se levantó y caminó sin ayuda de las muletas.

De Rudder murió en 1898 y el doctor Van Hoestenbergh hizo exhumar su cadáver dos años después, para poder examinar mejor las piernas y los huesos del que había sido su paciente. Las fotografías de los huesos demostraron claramente, dijo el doctor, que un hueso de nueva formación había soldado la pierna irremisiblemente fracturada.

Regreso del suicidio
El 8 de noviembre de 1952, Teresa Butler tomó una sobredosis de somnífero y se la encontró horas más tarde en la bañera. Fue llevada al depósito de cadáveres cuando se la declaró muerta por el médico forense local, que no le encontró el pulso, ni presión sanguínea, ni tampoco unos reflejos perceptibles.

El ayudante del depósito que se hallaba de servicio, estaba acostumbrado a ver un ocasional ataque de rigor mortis, un estado que puede originar que un cadáver tenga de repente un movimiento reflejo. No obstante, no estaba preparado para ver cómo el cuerpo de la señora Butler abría las mandíbulas y jadeaba. Asombrado, y no poco asustado, llamó a su jefe que determinó que la señora Butler, a fin de cuentas, no había muerto e, inmediatamente, llevó a la ahora comatosa mujer al hospital.

No es algo frecuente que alguien se recupere tras haber sido declarado legalmente muerto. Pero eso es exactamente lo que le sucedió a la señora Butler y, cinco días después, fue dada de alta del hospital. Afortunadamente, se descubrió a tiempo lo que le pasaba antes de que la enterrasen viva.

Rescate extracorpóreo
Tras permanecer en el mar durante semanas, un buque británico que había zarpado de Liverpool, en Inglaterra, avanzaba a través de las heladas aguas del Atlántico Norte, en dirección a Nueva Escocia, en 1828, cuando el piloto, Robert Bruce, encontró a un desconocido en el camarote del capitán. El hombre, del que Bruce sabía que no era miembro de la tripulación, estaba escribiendo en la pizarra. Sospechando que el que emborronaba aquello era un polizón, Bruce se apresuró a ir en busca del capitán. Cuando los dos hombres regresaron al camarote, el desconocido ya no se encontraba allí, pero había dejado un mensaje en la pizarra que decía: «Timón al noroeste.»

Tras llamar a todo el mundo a cubierta, el capitán ordenó que cada cual escribiese el mensaje, pero ninguna caligrafía concordaba con la del desconocido. Pese a todo, el capitán creyó que sería aconsejable seguir la misteriosa sugerencia y mandó que se alterase el rumbo del navío.

No mucho después de que el capitán hubiera ordenado poner el timón al noroeste, el vigía del barco divisó otra nave, que al parecer se había empotrado en los hielos del frígido Atlántico Norte. Cuando todos sus pasajeros fueron llevados a bordo del buque británico, Bruce localizó a un hombre que se parecía al que garrapateara en la pizarra del camarote del capitán. Se comprobó su caligrafía y, con bastante seguridad, se avenía con la de la pizarra.

Según el pasajero del buque atrapado entre los hielos, se quedó dormido poco después de que el navío quedara preso en los hielos. Al despertar, tuvo la segura impresión de que serían rescatados. Evidentemente, aquel hombre había tenido una experiencia extracorporea, proyectándose en el barco británico para entregar la llamada de SOS.

Revisión del triángulo de las Bermudas
Una zona rodeada por una línea imaginaria que va desde Florida a las Bermudas y Puerto Rico y luego retrocede otra vez a Florida, el Triángulo de las Bermudas ha sido el lugar donde han ocurrido muchas desapariciones misteriosas de buques, aviones y personas. Uno de los incidentes más raros ocurrió durante un vuelo breve a la isla del Gran Turco, en las Bahamas.

Mientras Helen Cascio pilotaba su «Cessna 172» y se aproximaba a la isla, la torre de control le facilitó sus instrucciones de aterrizaje. Pero Helen Cascio no respondió, aunque el canal de la radio de la mujer estaba abierto. Los operadores de la torre escucharon a la piloto decirle a su único pasajero:

-He debido hacer alguna falsa maniobra. Ésta debería ser Turco, pero ahí no hay nada. No hay aeropuerto. No hay casa. No hay nada...

Los controladores continuaron, frenéticamente, intentando entrar en contacto con la piloto, pero la señora Cascio resultaba obvio que no los oía. Luego recibieron la que sería petición final que escucharían:

-¿No hay manera de salir de esto?

Nunca se encontró la menor huella del avión, de la piloto o del pasajero.

Las explicaciones que han dado muchos investigadores para las desapariciones en el triángulo, van desde secuestros, por parte de piratas modernos, a un simple error humano. También existen algunas especulaciones respecto de que esa zona está situada por encima de un remolino o un agujero en el océano que se traga a los navíos o aviones lo suficientemente infortunados para pasar exactamente por encima.

Sin embargo, otra posibilidad consiste en que partes de la Atlántida se encuentren debajo del Triángulo de las Bermudas. Unas legendarias pirámides atlantídeas, construidas como fuentes de energía, podrían funcionar de manera esporádica y perturbar la comunicación de barcos y aviones, así como los sistemas de control.

Además, naturalmente, existen los que creen que estamos siendo invadidos por unos malévolos o tortuosos extraterrestres, y que especulan respecto de que esos alienígenas pueden, de alguna manera trabar el campo magnético del Triángulo de las Bermudas y capturar especímenes humanos y artefactos para sus propios propósitos de investigación.

Sin embargo, aunque se ha informado de numerosas desapariciones en el Triángulo de las Bermudas, se ha hablado menos acerca de aparatos que hayan aparecido en esa zona. Por ejemplo, en julio de 1975 Jim Thorne, miembro de un grupo de investigaciones oceánicas, a bordo del yate New Freedom, fotografió una deslumbrante tormenta eléctrica por encima del triángulo. Al examinar la película revelada, quedó perplejo al ver una clara imagen de aparejos cuadrados, a unas cien millas náuticas de distancia del New Freedom. Pero la noche de la tormenta sabía muy bien que no había ningún tipo de naves en las proximidades.

Revitalización de cabezas decapitadas
La guillotina fue el instrumento preferido para las ejecuciones en la Francia del siglo XIX. Y las decapitaciones proporcionaron un auténtico regalo, en 1887, a un emprendedor científico para intentar unir las cabezas a cuerpos de perros. Aunque aquella espantosa serie de experimentos fracasó, los investigadores modernos creen que tal vez sea pronto posible revivir una cabeza seccionada y tal vez algún día hacer crecer orgánicamente un cuerpo entero para ella.

En su libro titulado "Si pudiéramos mantener viva una cabeza cortada", el abogado e ingeniero Chet Fleming cita un experimento, en Cleveland, en 1971, en que cabezas cortadas de monos volvieron a la consciencia durante 36 horas. Fleming incluso patentó un sistema de procesado sanguíneo para hacer penetrar líquido en cabezas de animales, a fin de conservarlas con vida. Se apresura a añadir que nadie puede utilizar su procedimiento sin su permiso. Quiere estar seguro de que los científicos que trabajen sobre cabezas cortadas vivas lo harán respetando escrupulosamente los preceptos éticos, legales y sociales implicados al respecto.

Algunos científicos están en la actualidad buscando la posibilidad de conservar cabezas para su empleo en el futuro. Puesto que la tecnología clónica se ha vuelto posible al mismo tiempo que una criónica viable (la congelación y posterior restauración de la vida, tanto de los animales como de los seres humanos), serán capaces de clonar un nuevo cuerpo a partir de la cabeza congelada.